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Nacemos, envejecemos, morimos. Este proceso ha sido la gran constante unificadora de la raza humana, equiparándonos, al final del camino, a todos nosotros, independientemente de nuestra riqueza, ideales, acciones… Es, asimismo, un mecanismo natural inevitable. El ser humano, reconociendo su carácter caduco, el limitado tiempo del que dispone sobre este mundo, ha podido aprender y progresar en su cultura, el arte, la política y economía; a nivel individual, nos ha hecho apreciar a nuestros semejantes, a cultivar nuestras relaciones interpersonales. El final, así pues, parece un destino compartido. ¿Lo es asimismo la enfermedad de la vejez? ¿Es posible alcanzar una edad avanzada conservando la vitalidad y la energía propia de la juventud? Añadir simplemente «años» a una vida no tiene ningún sentido si la persona en cuestión sufre, es frágil o está enferma, es incapaz de moverse, de disfrutar de su estancia y de los manjares que ofrece la vida. En NeoVitalitas creemos que la prevención es nuestra mejor arma. Conservar, en lugar de reconstruir, funciones perdidas. Acariciar nuestra vitalidad innata, en vez de buscarla vanamente en píldoras y medicamentos. Y, en lo referido al cáncer, una de las principales preocupaciones de la vejez —cuando los daños celulares acumulados ponen en peligro la estabilidad de nuestro código genético y el funcionamiento de nuestra maquinaria mitocondrial—, reiteramos el consejo de la prudencia: «la mejor forma de tratar el cáncer es… no enfermar nunca de cáncer». En general, todos vivimos con estos preceptos «más o menos» claros, desde que comprendemos nuestra propia mortalidad a tierna edad. Un día de exceso, un día de restricción, compensamos, otra jornada interminable en el trabajo, sin conseguir un sueño reparador, sacrificamos horas para estudiar, para finalizar y remitir ese proyecto urgente, para cobrar el sueldo del próximo mes… Los excesos se acumulan, inadvertidamente; el sobrepeso —una nimiedad de la que, en nuestra infancia, no teníamos ni que preocuparnos, cuando nuestros cuerpos se centraban en crecer—, de pronto, aparece tocando nuestra puerta, las enfermedades crónicas se van sumando poco a poco: primero hipertensión (reducimos la sal, sin resultado), después colesterol elevado (adiós a la carne roja, pero los números no mejoran), la diabetes (sin azúcar en el café, pero la glucemia basal se mantiene elevada en la sangre). La lista continúa. ¿Te sientes identificado? Esta situación se puede comprobar en la práctica clínica habitual, y es muy difícil actuar para resolver el problema dentro de las restricciones del sistema de salud público —tiempo limitado; arsenal terapéutico, en esencia, farmacológico, ineficaz a largo plazo—, por lo que te invitamos a optar por una vía diferente. La vida requiere un balance, un estado de equilibrio. Recuerda que la evolución nos ha hecho extremadamente resistentes a infinitud de condiciones externas —frío, calor, lluvia—, somos supervivientes por naturaleza, nuestros cuerpos cuentan con una increíble capacidad de resistencia y regeneración. Nuestro tiempo en este mundo puede disfrutarse con intensidad y, al mismo tiempo, ser conservado en su estado original, en homeostasis, para repetir el proceso en las mejores condiciones de salud. Para poder compartir la felicidad de vivir con nuestros hijos, nuestros nietos, las generaciones que están por venir. No dejes que la decrepitud de la vejez se convierta en una fatalidad inevitable. Contacta con nosotros y, sin importar tu edad actual, te ofreceremos consejos de estilo de vida, basados en la última ciencia evolutiva, y seguimiento a largo plazo para que conserves tu robustez física, vitalidad y ánimo en las décadas venideras. En NeoVitalitas somos expertos en longevidad y sabemos que, tanto para ti como para tu familia, es de vital importancia no solamente prolongar la vida, sino que deseas mantener intacta tu salud. Trabajaremos incansablemente a tu lado para que puedas conseguir este propósito.
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Nacemos, envejecemos, morimos. Este proceso ha sido la gran constante unificadora de la raza humana, equiparándonos, al final del camino, a todos nosotros, independientemente de nuestra riqueza, ideales, acciones… Es, asimismo, un mecanismo natural inevitable. El ser humano, reconociendo su carácter caduco, el limitado tiempo del que dispone sobre este mundo, ha podido aprender y progresar en su cultura, el arte, la política y economía; a nivel individual, nos ha hecho apreciar a nuestros semejantes, a cultivar nuestras relaciones interpersonales. El final, así pues, parece un destino compartido. ¿Lo es asimismo la enfermedad de la vejez? ¿Es posible alcanzar una edad avanzada conservando la vitalidad y la energía propia de la juventud? Añadir simplemente «años» a una vida no tiene ningún sentido si la persona en cuestión sufre, es frágil o está enferma, es incapaz de moverse, de disfrutar de su estancia y de los manjares que ofrece la vida. En NeoVitalitas creemos que la prevención es nuestra mejor arma. Conservar, en lugar de reconstruir, funciones perdidas. Acariciar nuestra vitalidad innata, en vez de buscarla vanamente en píldoras y medicamentos. Y, en lo referido al cáncer, una de las principales preocupaciones de la vejez —cuando los daños celulares acumulados ponen en peligro la estabilidad de nuestro código genético y el funcionamiento de nuestra maquinaria mitocondrial—, reiteramos el consejo de la prudencia: «la mejor forma de tratar el cáncer es… no enfermar nunca de cáncer». En general, todos vivimos con estos preceptos «más o menos» claros, desde que comprendemos nuestra propia mortalidad a tierna edad. Un día de exceso, un día de restricción, compensamos, otra jornada interminable en el trabajo, sin conseguir un sueño reparador, sacrificamos horas para estudiar, para finalizar y remitir ese proyecto urgente, para cobrar el sueldo del próximo mes… Los excesos se acumulan, inadvertidamente; el sobrepeso —una nimiedad de la que, en nuestra infancia, no teníamos ni que preocuparnos, cuando nuestros cuerpos se centraban en crecer—, de pronto, aparece tocando nuestra puerta, las enfermedades crónicas se van sumando poco a poco: primero hipertensión (reducimos la sal, sin resultado), después colesterol elevado (adiós a la carne roja, pero los números no mejoran), la diabetes (sin azúcar en el café, pero la glucemia basal se mantiene elevada en la sangre). La lista continúa. ¿Te sientes identificado? Esta situación se puede comprobar en la práctica clínica habitual, y es muy difícil actuar para resolver el problema dentro de las restricciones del sistema de salud público —tiempo limitado; arsenal terapéutico, en esencia, farmacológico, ineficaz a largo plazo—, por lo que te invitamos a optar por una vía diferente. La vida requiere un balance, un estado de equilibrio. Recuerda que la evolución nos ha hecho extremadamente resistentes a infinitud de condiciones externas —frío, calor, lluvia—, somos supervivientes por naturaleza, nuestros cuerpos cuentan con una increíble capacidad de resistencia y regeneración. Nuestro tiempo en este mundo puede disfrutarse con intensidad y, al mismo tiempo, ser conservado en su estado original, en homeostasis, para repetir el proceso en las mejores condiciones de salud. Para poder compartir la felicidad de vivir con nuestros hijos, nuestros nietos, las generaciones que están por venir. No dejes que la decrepitud de la vejez se convierta en una fatalidad inevitable. Contacta con nosotros y, sin importar tu edad actual, te ofreceremos consejos de estilo de vida, basados en la última ciencia evolutiva, y seguimiento a largo plazo para que conserves tu robustez física, vitalidad y ánimo en las décadas venideras. En NeoVitalitas somos expertos en longevidad y sabemos que, tanto para ti como para tu familia, es de vital importancia no solamente prolongar la vida, sino que deseas mantener intacta tu salud. Trabajaremos incansablemente a tu lado para que puedas conseguir este propósito.